Diario De Una Yoguini Imperfectamente Perfecta (Parte II)

¿Porque narices me decidí a estudiar Yoga? ¡Si no me gustaba!

Esta pregunta me la ha resuelto la vida, pues el conocimiento del Yoga (obsérvese que digo conocimiento) me ha salvado de vivir en modo “supervivencia” en el que vivía, a pasar a modo VIVIR en el que vivo. (aunque he de admitir que me pillo a veces en el modo antiguo, solo que lo veo, sonrío y me digo: eh Maite, regresa) y obedezco claro.

En aquella época había decidido estudiar doblaje, ya que de veras creo que tengo muy buenas aptitudes y actitudes como actriz, pues hago a la perfección diferentes personajes 🙂 y me gusta mucho ponerle “voces”. Aún sigo pensando en estudiarlo.

También en aquella época mi personaje era lo que denomino “maruja de lujo”: o sea, no trabajaba ni fuera ni dentro (contaba con ayuda) así que hacía mucho deporte, entendiendo que darle a la lengua (hablar de más) era y es un deporte también para muchos.

Y haciéndome un masaje (si sí lo he escrito bien), me di cuenta de lo vacía que sentía mi vida; vivía en la carencia teniendo abundancia. Así que la masajista “casi mi psicóloga” me habló de PNL y de Gestalt (muy mal me vio pues son terapias a mi modo de ver brutales).

Finalmente decidí formarme en KINESIOLOGÍA.

¿Porqué?

Pues porque lo que encontré en Gestalt me daba miedo. No estaba preparada para conocerme y me gustó esta opción menos intensa, eso creía claro.

Y allí estaba yo; con mis collares, maquillaje, ropa de marca, sonrisa y un ego ¡enorme!

No entendí prácticamente nada. Fue la primera vez que escuché palabras como chakras, aura, planos, músculos que no sabía que existían, diferentes cuerpos y un largo etc.

Aun así, allí iba cada Martes por la mañana. Hablaban de Kundalini (una especie de serpiente incrustada en la columna vertebral). De veras que pensé que me había ido a otro mundo.

Aquello me enganchó

Me parecía apasionante ver con test musculares cómo el cuerpo sin que la mente esté presente responde con honestidad a cualquier pregunta que le hagamos.

Luego lo hablaba con mi profesor de Yoga que en aquel momento estas palabras él ya las conocía, y comencé a sentir más afinidad a la práctica y a mi papá (profesor), pues él tenía interés en lo que le contaba y me sentía muy lista (que no es lo mismo que inteligente).

Recuerdo que, en una ocasión en clase de Kinesiología, una compañera me preguntó a qué estaba esclavizada. Escandalizada por la pregunta le contesté: ¿Yo? a nada. ¿Porqué lo preguntas?, por todas las pulseras que llevas en la muñeca, me contestó.

Yo miré mis pulseras, luego a ella y le dije, no son esclavas, son pulseras.

Pero cuando llegué a mi casa me las quité. Empezaron a pesarme mucho, incluso me ¡quemaban! tanto es así, que no he vuelto a ponérmelas ni tampoco reloj. También reconozco que para saber la hora he de mirar todo el tiempo el móvil, que no sé qué es peor pero bueno.

En fin, me licencié en Kinesiología Holística y Aplicada y comencé ha realizar prácticas y prácticas con mis familiares y amigos, que por cierto “terminaron hartos.

Recuerdo testar a una persona que estaba embarazada y quería saber el sexo del bebé y acerté, y cuando volvió a quedar embarazada volví a testarla y ya no acerté, así que me dijo que volviera a realizar el curso. 🙁

Recuerdo también testar una gotera en casa, en una columna que no sabíamos de dónde venía si de arriba o abajo, y para no tener que picar todo, lo testé y ¡tachan! también me equivoqué. Esto no quiere decir que sea mala o buena, quiere decir que necesitaba más experiencia y paciencia que no tuve. Terminé dejando a un lado esta información pues en realidad me sirvió de puente para lo que llegó después:

Mi primera formación de Yoga de 1 año de duración en la escuela Yoga Dharsan en Barcelona; Yoga y Pilates; todo de una vez, ¡Ala!

En esta formación el profesor estaba especializado también en PNL, y contaba con pasión que la realidad que vemos no es la realidad, sino una sola parte. Aquel día salí de allí observando todo, como una niña curiosa y pensando: ¿Será verdad que esto que veo no existe? Y mi mapa de la realidad comenzó a abrirse haciéndose mucho más grande, ¡inmenso!

Segunda lección: Mi Mapa, o sea mi realidad, No Es El Territorio, sólo es una parte de él.

En el capítulo 3 te contaré cómo comencé a dar clases de Yoga ya que ni me lo había planteado.

Gracias por estar presente en mi camino,

Maite Galende
mggullon@gmail.com
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